Mucha gente lo dice, pero es bien resaltante que lo comente Insulza: la intervención del presidente Chávez en
El camino a la paz no es sencillo en ningún contexto mundial presente, sobre todo considerando el innegable peso del imperio en el sostenimiento de las injusticias y la alimentación de los climas de guerra. Sin embargo, más difícil aún parece el camino a la paz en Colombia. Allí nos encontramos que un narco-imperio, avalado por un lacayo narco-gobierno, se aprovecha de la presencia de una narco-guerrilla para justificar sus acciones criminales y tener poderío político y militar en Suramérica. Mucho se ha dicho que ni el gobierno colombiano ni la guerrilla tienen suficiente fuerza para derrotar militarmente a su adversario. No obstante, el equilibrio existente es altamente beneficioso para los objetivos del imperio. Para lograr la paz en Colombia se requiere más que diplomacia, una acción inteligente para debilitar el negocio del narcotráfico.
Sin embargo, no podemos estar satisfechos con el balance global de lo ocurrido. El Gobierno Colombiano cometió una terrible masacre contra compatriotas colombianos y mejicanos. Quedó demostrada la falsedad de las justificaciones por “persecución en caliente” y los procedimientos utilizados fueron extrajudiciales y contrarios al estado de derecho. Jamás se puede justificar que un Estado viole sus propias reglas y queda claro que se cometió un crimen de lesa-humanidad propio del terrorismo de estado que promulga el imperio por todo el mundo.
Hablando de terrorismo de estado, hay que destacar que el gobierno colombiano se comprometió a no volver a violar la soberanía de ningún país por razón alguna. Esto implica que se limitan las posibilidades de aplicar las tesis imperialistas de “guerra preventiva” y el uso de cualquier pretexto para atacar a los objetivos que ellos quieran calificar como terroristas.
De cualquier manera nos sentimos complacidos con el acuerdo alcanzado en República Dominicana y con el proceder del Estado Venezolano en todo este asunto. Las acciones diplomáticas y los movimientos militares en la frontera representaron un mensaje claro que hizo a Colombia ceder en su posición.

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