La pregunta: “¿PSUV para la unión o división de los revolucionarios?” es muy dura, sobre todo considerando que la idea original del Partido Socialista Unido de Venezuela era precisamente unir a los Socialistas nacionales. Inclusive, no podemos olvidar que en algún momento el Presidente Chávez habló de la necesidad de tener un Partido Único de
Pero además de los Partidos Políticos identificados con el Proceso que no quisieron integrarse al PSUV hay que destacar que hubo muchos camaradas revolucionarios que llenos de suspicacias prefirieron no sumarse a la convocatoria para asumir la condición de “Aspirantes a Militantes.” Hay una camarada que dice: “Jamás he pertenecido ni perteneceré a ningún Partido Político.” Esta firme decisión quizás estuvo basada en la clásica percepción popular de que la política es “sucia”, sobre todo la partidista; o quizás inspirada en el pensamiento de Gaddafi, quien señalaba que quien tome Partido, comete traición; que los intereses de un Partido, de una Clase, una Tribu o una Casta son intereses de una parcialidad y no son los intereses del Pueblo. También sabemos de camaradas que afirman haber sido militantes vitalicios de la revolución y que a nadie tendrían que pedirles permiso y asumir la subordinada condición de “aspirantes.” En todo caso, a pesar de la enorme convocatoria inicial de más de cinco millones de venezolanos aspirando a ser militantes, podemos afirmar que no están todos los que son, ni son todos lo que están.
Parafraseando un canto popular podemos afirmar que “el Proceso Revolucionario tiene amigos por montones, pero en éste se colean los sapos y camaleones”. En efecto, el sentido oportunista de muchos falsos revolucionarios produce un terrible daño a las auténticas iniciativas de trasformación social y son el mayor caldo de cultivo para la corrupción administrativa y las aberraciones del proceso.
Así como muchos revolucionarios asumieron una de Santo Tomás y dijeron “ver para creer” antes de comprometerse con el PSUV, muchos otros han salido asqueados de ese Partido, en su proceso de gestación. Lamentablemente, la predica de “Moral y Luces” no entró del todo a los batallones y demás instancias de integración del Partido. Las triquiñuelas, las componendas, las prácticas que tanto criticamos de los Partidos de la “cuarta” tuvieron un peso contundente en la conformación de las vocerías, comisiones, delegaciones y designación de cuadros directivos. Esta afirmación la hacemos con toda responsabilidad y afirmamos que la misma es válida tanto en el contexto regional como el nacional.
Ante la realidad del aquí y ahora del PSUV y del proceso histórico que condujo a su creación y a la definición de sus actuales características cabe hacernos la pregunta del título de este artículo y además preguntarnos qué hacer con este Partido y con el proceso revolucionario que adelantamos. Del proceso histórico hay dos hechos que resaltar. El primero es el darse cuenta que había la necesidad de superar los vicios que se habían desarrollado en el principal partido de sustento al Gobierno Bolivariano actual, el MVR; así como la necesidad de contar con una fuerte base popular y organizacional que le diera soporte al proceso. El segundo hecho es que la convocatoria a conformación del nuevo partido fue muy inoportuna, dado que se hizo de manera simultánea con la convocatoria a un Referendo Consultivo para
En cuanto a qué hacer con el PSUV, creemos que hay que mantener una actitud crítica sobre la práctica de éste y cualquier partido o movimiento adscrito al proceso revolucionario. Decretar su desaparición o reformación es en este momento inoportuno y contraproducente. Debemos lidiar con el PSUV como lo hicimos con su MVR progenitor. Lamentablemente el PSUV se muestra como lo que pudo haber sido y no fue. Ojalá que su práctica nos invite a superar las suspicacias y que se consolide como motor fundamental del mundo hermoso que todos soñamos.

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