Recientemente asistí a una actividad que fue convocada como una “Asamblea Ampliada” en la Facultad de Ingeniería. Esta pequeña reunión pretendía ser un foro para discutir la Ley Orgánica de Educación y para permitir que la Facultad de Ingeniería fijase posición en torno a este tema, tal como había sido requerido por el Consejo Universitario de la ULA. Además de tener una participación muy reducida (por no decir escuálida) el supuesto foro contó con un solo panelista de una posición para nada equilibrada en relación con la LOE.
El panelista fue el Profesor Luis Caravallo quien hizo algunas observaciones a la Ley, con argumentos que en muchos de los casos no pudo soportar. (Señaló por ejemplo que la Ley implicaba la extinción de la Educación Privada. Al pedírsele evidencias de tal afirmación, reconoció que no las tenía) En todo caso, su discurso se centró en criticar al Estado Docente, modelo educativo que calificó de anacrónico y propio de las necesidades históricas de comienzos del siglo XX. De su discurso quedaba claro que para él la auténtica modernidad (o post-modernidad) quedaba asociada al neoliberalismo y en consecuencia a la Educación Neoliberal.
Llama la atención que se plantee el enfoque neoliberal hasta en la educación primaria cuando en todos los países del mundo (si me equivoco, que me desmientan) el Estado tiene un papel central. En el propio Estados Unidos, la inmensa mayoría de población de educación primaria acude a instituciones públicas, y las instituciones privadas son supervisadas en su accionar por el Estado. El papel protagónico del Estado en materia de Educación es reconocido en todas partes. En la anterior Ley Orgánica de Educación venezolana se afirma de manera enfática: “La educación es función primordial e indeclinable del Estado, así como derecho permanente e irrenunciable de la persona.” Y es que si el Estado no tiene un papel fundamental en la Educación, entonces ¿Para qué existe el Estado? ¿No es el Estado un agente de regulación de las relaciones humanas que asegure la convivencia y el avance de la sociedad a niveles superiores de felicidad y confraternidad? ¿No es la Educación el instrumento fundamental para este fin?
Ubicados ya en el contexto de que toda sociedad con Estado (fuera de la utopía anarquista) tiene que implantar la figura del Estado Docente, cabe la pregunta del tipo de educación que debe llevar adelante el Estado. La Escuela (junto con la Iglesia, la Prensa y el aparataje gubernamental) forma parte de la superestructura político- ideológica de una nación. Esta superestructura debe apegarse de la mejor manera posible al esquema de funcionamiento que perfila la infraestructura económica. En una sociedad “perfecta”, una Educación “perfecta” debe tener una perfecta imbricación entre los modos de producción y la educación ciudadana.
Bajo la visión anterior lanzo la siguiente atrevida afirmación: “En Estados Unidos la Educación es (casi) perfecta.” Para demostrar lo anterior debo describir un poco como es la Educación en ese país. El sistema educativo estadounidense se caracteriza por una permanente búsqueda de talentos especiales. Los niños que demuestran habilidades particulares en algún área son apartados del troncal educativo donde se ubican los “no exepcionales”. Estos aventajados reciben becas para atender instituciones y programas especiales y están llamados a convertirse en los líderes del mañana. El resto, el grueso de la población, está llamado a no estorbar en la sociedad, a tener el papel de ciudadanos respetuosos de la ley que contribuya con sus niveles de formación a fungir como empleados de McDonalds, por ejemplo. Es decir, allá se tiene una educación diferenciada para formar los Líderes por un lado y a los Idiotas por el otro, ambos muy importantes para integrarse adecuadamente a las exigencias de la superestructura económica de esa sociedad tan liberal (desde el punto de vista económico, no el humano).
Para ilustrar la veracidad del planteamiento anterior expongo a continuación el caso de una persona muy allegada a mí quien estuvo recientemente en los Estados Unidos. Este joven venezolano llegó allá con intenciones de cursar el cuarto año de bachillerato. Cuando le mostraron el plan curricular correspondiente a ese año, se dio cuenta que tenía que cursar un mínimo de cinco asignaturas, de las cuales una tenía que ser Matemáticas. De esta asignatura había dos niveles de exigencia: bajo y alto; él escogió el nivel bajo. De las otras cuatro materias (¿Para qué más?) recuerdo sólo tres de las que él seleccionó. Ellas son: Basquetbol 1, Español Avanzado y Cocina 1. En estas tres materias obtuvo A y de ellas hay que destacar la Asignatura Cocina, porque fue fundamental en su quehacer universitario. Me explico, al poco tiempo estuvo friendo “French Fries” (papas fritas) en el “University Mall.”
Más allá de lo anecdótico, la Perfecta Educación estadounidense destaca el hecho de tener una forma de educación muy versátil y diferenciada. La diferenciación en la educación es clave para llevar adelante una educación adaptada a una economía neoliberal. Es necesario que las relaciones de producción entre explotados y explotadores se mantengan. Los talentos especiales están llamados a ejercer cargos gerenciales altos y medios, a recibir salarios especiales y a convertirse en explotados de lujo. Mientras, las masas seguirán conformando el proletariado dócil y el consumidor sin conciencia.
Este modelo de educación diferenciada es el mismo que impulsa Urosa Sabino en el famoso artículo del cual no ha podido negar su autoría. Según él, se requiere menos participación del Estado, más protagonismo de la Iglesia y educación diferenciada para ricos y pobres.
Según todos estos promotores del modelo “americano” de educación, la idea del Estado Docente es deleznable debido al carácter ideológico que lleva implícito. Prefieren que la escuela forme individuos con una ideología sumisa, conforme, respetuosa y temerosa de la implacable ley; a un individuo consciente de la realidad de su entorno y capaz de mantener una postura crítica y creativa para proponer cursos de acción para un mundo mejor.
Ellos puede que tengan una educación cercana a la perfección de acuerdo a los parámetros de los requerimientos de una sociedad movida por una economía liberal. Nosotros nos movemos en la dirección de una educación libertaria. ¡Qué curioso! Lo liberal y lo libertario apuntan en direcciones contrarias. Una educación que le sirva a lo liberal es una educación para la esclavitud de las mayorías. Una educación liberadora sólo puede darse bajo la presencia de un Estado Docente que haya comprendido su papel histórico como agente de cambio, emancipación, soberanía y auténtica libertad.
Mérida, septiembre de 2009

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