“¡Me gustan los Estudiantes, porque levantan el pecho, cuando le dicen harina, sabiéndose que es afrecho…!” Bueno, no siempre. Violeta Parra reflejó en su inolvidable canción lo que debe ser un movimiento estudiantil identificado con la historia. Ese movimiento que ha representado tantas luchas y sacrificios humanos. Luchas que han representado hitos importantes en la consecución de cambios de distintos tipos, algunos de ellos calificados de revolucionarios. Sin embargo, hoy por hoy hay que poner muy en duda la irreverencia y rebeldía que Violeta distingue en ese verso. Ahora podemos encontrar Estudiantes bien dispuestos a reconocer que es harina, dependiendo de cuánto hay pa` eso.
La dirigencia estudiantil enajenada y vendida le hace creer a sus seguidores que la esencia de la condición estudiantil radica en sus posiciones contestarias. “El Estudiantado tiene que estar en contra del Gobierno Nacional, porque somos contestarios.” Sin embargo hace alarde de su genuflexión hacia el Gobierno Universitario, independientemente de lo desacertada de su gestión. Claro, no les quedó nadita de consciencia porque toda fue vendida, ni hablar de la actitud crítica y la capacidad para proponer soluciones. Todo radica en oponerse por oponerse a lo que le convenga oponerse, sin argumentos y sin moral. Se acabó allí la rebeldía, para darle paso a la malcriadez.
Por cierto, lo que conviene o no conviene ni siquiera se refiere a los intereses de las masas estudiantiles. Hemos visto a este tipo de dirigentes estudiantiles ir en contra de los intereses del colectivo que se supone representan, para atender sus compromisos con los grupos hegemónicos a los cuales pertenencen.
¡Que vivan los estudiantes, que rugen como los vientos cuando les meten al oído sotanas o regimientos…! Bueno, no tanto. Guindado de una sotana se encuentra un estudiante que aunque nunca estudió, dicen que obtuvo el grado. Claro, es natural que la sotana ampare a sus pares. Con tanta historia de misoginia y pedofilia dentro del clero, no hay nada de qué sorprenderse. En cuanto a los regimientos, es mayor nuestra tristeza al ver a este tipo de estudiantes clamar por la intervención militar extranjera, justo en los momentos de mayor felicidad social y popular de la historia contemporánea.
“¡Me gustan los estudiantes porque son la levadura del pan que saldrá del horno con toda su sabrosura, para la boca del pobre que come con amargura…!” Bueno, ojalá fuese esto del todo cierto. Aunque muchos estudiantes del presente o el pasado tuviéramos vocación y auténtico interés de servirle al pueblo, dentro de nuestra cultura escolar y educativa se nos ha enseñado a ser egoístas. La Universidad nacional se ha elitizado y hay una inmensa brecha entre los sueños pequeño-burgueses de muchos y el hambre del pueblo empobrecido.
Nos gustarían los Estudiantes si el último verso fuese cierto. La esencia del Movimiento Estudiantil no puede ser otra que la de identificarse en cuerpo y alma con las necesidades de su Pueblo. De todos los adjetivos que pueden usarse para caracterizar el Movimiento Estudiantil la palabra clave es: “Popular”. Al ser popular se deriva la condición de sensible, comprometida, humana, antiimperialista, ambientalista, democrática, radical, valiente, critica y rebelde. Si el Movimiento Estudiantil pierde su condición de popular, se hundirá indefectiblemente en la banalidad, indolencia, inconciencia, genuflexión y cobardía.
Siempre creeremos en ese Movimiento Estudiantil necesario. El estudiantado tiene que darse cuenta de su imbricación con los intereses populares y actuar en consecuencia. Lamentablemente, en los últimos tiempos hemos visto el surgimiento de un Movimiento Estudiantil que vive de la politiquería, la conchupancia con los que entienden la autonomía como el medio de hacer lo que se les venga en gana, y de la capacidad de chantaje. Frente a esta realidad, los revolucionarios estamos a la espera del surgimiento de un liderazgo distinto dentro de los sectores estudiantiles. Este liderazgo no debemos esperarlo de brazos cruzados, sino que debemos alimentar la discusión y el análisis para que surjan los hombres y las mujeres con sus propuestas.
Nos gustarían mucho más los Estudiantes si…
La dirigencia estudiantil enajenada y vendida le hace creer a sus seguidores que la esencia de la condición estudiantil radica en sus posiciones contestarias. “El Estudiantado tiene que estar en contra del Gobierno Nacional, porque somos contestarios.” Sin embargo hace alarde de su genuflexión hacia el Gobierno Universitario, independientemente de lo desacertada de su gestión. Claro, no les quedó nadita de consciencia porque toda fue vendida, ni hablar de la actitud crítica y la capacidad para proponer soluciones. Todo radica en oponerse por oponerse a lo que le convenga oponerse, sin argumentos y sin moral. Se acabó allí la rebeldía, para darle paso a la malcriadez.
Por cierto, lo que conviene o no conviene ni siquiera se refiere a los intereses de las masas estudiantiles. Hemos visto a este tipo de dirigentes estudiantiles ir en contra de los intereses del colectivo que se supone representan, para atender sus compromisos con los grupos hegemónicos a los cuales pertenencen.
¡Que vivan los estudiantes, que rugen como los vientos cuando les meten al oído sotanas o regimientos…! Bueno, no tanto. Guindado de una sotana se encuentra un estudiante que aunque nunca estudió, dicen que obtuvo el grado. Claro, es natural que la sotana ampare a sus pares. Con tanta historia de misoginia y pedofilia dentro del clero, no hay nada de qué sorprenderse. En cuanto a los regimientos, es mayor nuestra tristeza al ver a este tipo de estudiantes clamar por la intervención militar extranjera, justo en los momentos de mayor felicidad social y popular de la historia contemporánea.
“¡Me gustan los estudiantes porque son la levadura del pan que saldrá del horno con toda su sabrosura, para la boca del pobre que come con amargura…!” Bueno, ojalá fuese esto del todo cierto. Aunque muchos estudiantes del presente o el pasado tuviéramos vocación y auténtico interés de servirle al pueblo, dentro de nuestra cultura escolar y educativa se nos ha enseñado a ser egoístas. La Universidad nacional se ha elitizado y hay una inmensa brecha entre los sueños pequeño-burgueses de muchos y el hambre del pueblo empobrecido.
Nos gustarían los Estudiantes si el último verso fuese cierto. La esencia del Movimiento Estudiantil no puede ser otra que la de identificarse en cuerpo y alma con las necesidades de su Pueblo. De todos los adjetivos que pueden usarse para caracterizar el Movimiento Estudiantil la palabra clave es: “Popular”. Al ser popular se deriva la condición de sensible, comprometida, humana, antiimperialista, ambientalista, democrática, radical, valiente, critica y rebelde. Si el Movimiento Estudiantil pierde su condición de popular, se hundirá indefectiblemente en la banalidad, indolencia, inconciencia, genuflexión y cobardía.
Siempre creeremos en ese Movimiento Estudiantil necesario. El estudiantado tiene que darse cuenta de su imbricación con los intereses populares y actuar en consecuencia. Lamentablemente, en los últimos tiempos hemos visto el surgimiento de un Movimiento Estudiantil que vive de la politiquería, la conchupancia con los que entienden la autonomía como el medio de hacer lo que se les venga en gana, y de la capacidad de chantaje. Frente a esta realidad, los revolucionarios estamos a la espera del surgimiento de un liderazgo distinto dentro de los sectores estudiantiles. Este liderazgo no debemos esperarlo de brazos cruzados, sino que debemos alimentar la discusión y el análisis para que surjan los hombres y las mujeres con sus propuestas.
Nos gustarían mucho más los Estudiantes si…
Mérida, septiembre de 2008

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